martes, 30 de septiembre de 2008

La Internet sustituye a la biblioteca (fuente elcomercio.com seccion sociedad)



Los colegiales del Odilo Aguilar, Manuel María Sánchez y Manuela Cañizares revelan que ya no van a la biblioteca. Algunos envían sus tareas a través del mail.

‘Control C (copiar)” y “Control V (pegar)”. El uso de esos comandos al hacer consultas en Internet, para tareas, es lo más típico entre los estudiantes, que bajan la información sin procesarla y a veces sin leerla.

Lo comenta Patricia Sunta, maestra de ciencias naturales de décimo de básica del colegio Universitario Odilo Aguilar (calle Eustorgio Salgado), en Quito.

Por eso, cree que la herramienta se torna en “un arma de doble filo. No evadimos el uso de la tecnología en la educación, pero hay que orientar a los chicos”.

Ella les pide no presentar trabajos de 20 ó 30 páginas, sino temas específicos. Por ejemplo, sacar las diferencias entre la estructura interna y externa de los peces óseos, cartilaginosos. Y luego comentarlo en clase.

Sunta lleva 15 de sus 39 años en el magisterio y empezó a ‘navegar’ obligada por sus alumnos, que traían novedades de la Red. Entonces pidió ayuda a sus hijos de 15 y 17 años, para ingresar a páginas web. Nunca ha recibido capacitación al respecto.

Eso preocupa si se escuchan respuestas como las de Gabriela Santos. Al preguntarle dónde consulta sus tareas, ¿en las bibliotecas?, indicó: “No. En Internet, qué pereza ir a otros sitios”.

Su compañera de décimo de básica, Jaqueline Alvear, completó la idea: “Vivo en Santa Anita (al sur) y es fácil investigar en un cibercafé cercano, que recorrer distancias por un libro. Además, en Google hay más datos”.

El uso de Internet se propaga entre los estudiantes, algunos entregan sus deberes vía correo electrónico. Joselin Quintana y Erick Moyano, de 14 y 16 años, cursan el primero de bachillerato en el Manuela Cañizares.

Al inicio del año, el maestro de biología, Édgar Jaramillo, los sorprendió con dos propuestas: llevar la tarea y ser evaluados de modo tradicional, imprimiendo trabajos y presentándolos en carpetas, o usar la tecnología.

Erick vive en la Machala, en Cotocollao, al norte de la ciudad, y su compañera Joselin, en la Ciudadela del Ejército, al sur. Ambos acuden a cafenets de sus barrios para buscar los temas planteados por Jaramillo, que llega al aula con una maleta roja, con su portátil y un proyector.

“Hace cinco años descubrí Internet y no retrocederé, es una herramienta para dejar las clases líricas y los carteles mal hechos, que no acercan al alumno a un evento real”, recalca y ejemplifica: “Les traigo un video corto de cómo actúa una enzima sobre un susbrato, del trabajo de la membrana celular...”.

En su memory flash, en CD y en su PC guarda el material preparado, en Power Point, Macro Media Flash, animaciones que hacen que el estudiante no imagine sino atestigüe cómo se producen eventos de la biología.

“No estamos conectados a Internet en el aula lastimosamente, pero les pido ingresar en sus ratos libres para leer libros. Ya no se necesita una biblioteca fija”.

En el colegio Manuel María Sánchez, los maestros cuentan con memory flash desde el año pasado. El centro invirtió en la compra y en clases de computación para que todos lleven las calificaciones de modo digital.

“A los de edad avanzada se les enseñó desde cómo tomar el mouse”, dice la rectora, Rocío Pazmiño. Varios de sus 600 alumnos aprendieron a crear páginas web en su laboratorio.

“Todas las tardes vienen chicas de La Providencia. Buscan datos para deberes de historia, geografía y literatura. Se quedan una hora”, señala Jessenia Cango, dependiente de un local de Internet, en el Pasaje Arzobispal, en la Plaza Grande. Piden ayuda y cuentan que fueron a la biblioteca y no encontraron nada.