jueves, 6 de agosto de 2009

Elite hondureña no quiere retorno de Zelaya

TEGUCIGALPA (AP) - Unas diez familias controlan la economía de Honduras y muchas de ellas están decididas a impedir a cualquier costo el regreso del depuesto presidente Manuel Zelaya.

Igual que en tantas naciones latinoamericanas, un grupo de banqueros, empresarios, dueños de hoteles y de los medios de prensa mantienen estrechos lazos políticos que les permiten conseguir concesiones del gobierno, exenciones impositivas y valiosa información.

Son las fuerzas detrás del gobierno de facto de Roberto Micheletti y de su negativa a permitir el retorno de Zelaya.

Diplomáticos estadounidenses cortaron sus lazos formales con el gobierno de Micheletti pero se han entrevistado con miembros de la elite empresarial para hacerles presión y amenazarlos con sanciones económicas si no regresa Zelaya, a quien los militares sacaron por la fuerza del país el 28 de junio, en lo que la comunidad internacional consideró un golpe de estado.

Hondureños ricos como Adolfo Facussé dicen que prefieren soportar sanciones económicas, huelgas y toques de queda a que Zelaya vuelva al poder.

"La actitud aquí es, ¿y qué?", si ocurre todo eso, expresó Facussé a la AP en una entrevista en su casa, en la que había un Jaguar, dos vehículos todo-terreno y un guardia en el portón de ingreso. "De todas maneras aquí va haber elecciones en noviembre".

La familia de Facussé controla buena parte de la industria textil de Honduras. El economista, educado en Estados Unidos, ha tenido siempre acceso al presidente y está acostumbrado a viajar con los líderes nacionales al exterior en busca de inversiones. Su primo Carlos Flores Facussé fue presidente entre 1998-2002.

Facussé sostuvo que la disputa actual no gira en torno a Zelaya, sino que se está tratando de preservar el capitalismo y de contener la influencia de Hugo Chávez en la región.

El apoyo que ha brindado el gobierno estadounidense de Barack Obama a Zelaya ha irritado y desconcertado a la elite hondureña, cuyos miembros a menudo dividen su tiempo entre los dos países, asisten a universidades estadounidenses, trabajan estrechamente con empresas norteamericanas y se van de compras a Miami.

Zelaya fue alguna vez parte de esa elite. Su padre es un hacendado con importantes inversiones en la industria maderera. Cuando se postuló a la presidencia, Zelaya rompió con su base natural y cortejó el apoyo de sindicatos, cooperativas y campesinos. Desde la presidencia se acercó a Chávez, molesto porque no recibía suficiente ayuda de Estados Unidos para sus programas sociales.

"Aquí no se ve como una lucha contra Mel Zelaya. Mel Zelaya es uno de nosotros", dijo Facussé, vestido con jeans. "Pero la gente piensa que es instrumento de Chávez y que la pelea es con Chávez".

Heather Berkman, experto en Centroamérica del Eurasia Group, afirma que ese temor es compartido por las elites empresariales de toda Latinoamérica, que se sienten amenazadas por los triunfos electorales de líderes izquierdistas apoyados por las masas empobrecidas.

Muchos creen que esos líderes expropiarán sus empresas, como hizo Chávez.

A la comunidad internacional, en cambio, le preocupa la posibilidad de que si Zelaya no recupera el poder, el golpe fomente otras medidas similares en la región y afiance el poder de las elites.

"Zelaya promovió reformas y esta gente se lo sacó de encima", dijo Berkman.

Honduras inspiró alguna vez el término "república bananera", cuando los dueños de plantaciones de frutas, café y tabaco controladas por Estados Unidos manejaban el país. Capitalistas locales se consolidaron en el control de la economía, primero como intermediarios de firmas estadounidenses como Standard Fruit y luego incursionando en sectores de rápido crecimiento con el de las finanzas, el textil, el turismo, la construcción y la electricidad.

Poco después de asumir el poder en el 2006, Zelaya se enfrentó con la comunidad empresarial. Impuso un aumento del 60% en el sueldo mínimo y se negó a presentar un presupuesto ante el Congreso en el 2008, alimentando la impresión de que hacía lo que quería.

Luego convocó un referendo para el 28 de junio, en el que se pedía a la gente que apoyase la instalación de una asamblea constitucional que debía analizar una serie de reformas. La oposición sostuvo que se trataba de una maniobra para mantenerse en el poder, como hizo Chávez en Venezuela. Zalaya negó que esa fuese su intención.

"La impresión que quedó en la clase política tradicional y en lo empresarios más conservadores del país es que Zelaya había dado un peligroso gira a la izquierda y que por lo tanto sus intereses estaban en peligro", expresó Víctor Meza, quien fue ministro del interior de Zelaya.

"Yo siento que de alguna manera subestimamos el conservadurismo de la clase política hondureña y de la cúpula militar", acotó.

Meza dijo que Zelaya quería preparar el terreno para postularse nuevamente en el 2012, pero no para buscar una reelección inmediata.

Añadió que también se proponía legalizar referendos revocatorios en el Congreso y modificar los distritos legislativos para reforzar la democracia.

"Uno oye que se dice que Honduras iba hacia el comunismo. Por Dios... ¿Quién va a querer que el gobierno de Manuel Zelaya se vuelva comunista? Es una locura", manifestó Meza.

Almícar Bulnes, presidente del Consejo Hondureño de la Empresa Privada, indicó que él y otros amigos de Zelaya le recomendaron que no se acercase tanto a Chávez y se mostraron alarmados con la encendida retórica de Zelaya al condenar a la elite política.

"Hemos sido amigos del presidente. Y le dijimos que no hiciera esas cosas. Y él no hizo caso", expresó Bulnes. "Chávez tenía Honduras en la boca. Era un gato con el ratón que se le escapo. Se le escapó", agregó, aludiendo a la destitución de Zelaya.

Los generales que obligaron a Zelaya a irse del país dicen que evitaron que el país cayese en una dictadura.

Ante la condena internacional, algunos líderes emmpresariales están diciendo que los militares tal vez se equivocaron al sacar a Zelaya del país y que lo correcto hubiera sido arrestarlo.

Facussé dijo que Zelaya no podría gobernar si regresa.

"Sería una situación de ingobernabilidad", manifestó. "No veo cómo podría gobernar con el Congreso en contra, con la corte en contra, con la fiscalía en contra, con la Iglesia en contra y con todo su partido político en contra".