jueves, 9 de julio de 2009

El cañón del río Amarillo atrae a los turistas



Fuente :http://www.elcomercio.com/noticiaEC.asp?id_noticia=289688&id_seccion=8


El afluente es un escenario natural para hacer rappel, nadar y saltar en siete cascadas de varios tamaños. Está al noroeste de la urbe.

Sus manos tienen un color rosa, están heladas y le resulta difícil mover los dedos. Los tiene algo enlodados. La turista estadounidense, Rebecca Herr, de 19 años, disfrutó por más de tres horas la experiencia de hacer barranquismo o canyonig.

Tiembla por el frío e intenta quitarse el traje térmico de cinco milímetros de grosor que le permitió mantener algo de calor mientras caminaba y nadaba en aguas con una temperatura menor a 10 grados centígrados.

De eso trata la actividad, el mayor reto es enfrentar las bajas temperaturas del agua y empapado efectuar actividades extremas. El desafío se inicia en la parte alta de Putushí, al noroeste de Cuenca y a 25 minutos en vehículo, desde el centro de la urbe.

Allí se deja el automotor, se usa ropa ligera, se alista el equipo que se necesita para el trayecto y empieza el recorrido. Durante 30 minutos se camina por una ladera, el trajín calienta el cuerpo y se siente menos el intenso frío. Al final de la ruta aparece un claro en
medio de la maleza, a orillas del río Amarillo.

En ese lugar, Herr y otras cuatro estadounidenses no mayores de 22 años comienzan el cambio de ropa para ingresar al agua helada. Las turistas llegaron a Cuenca para pasar sus vacaciones y aprender español.

Los dos guías verifican que los trajes y equipos con correas y arnés estén bien seguros. Todo debe estar a punto. ‘Hulk’, como se le conoce al guía Xavier Montesuma, verifica las correas y arnés. Luego empieza el recorrido por este cañón del río Amarillo en una extensión un poco menor a los 500 metros de largo.

Con la primera pisada en el agua, Julia Churchill, otra turista, muestra un gesto de descontento. Pero eso está solo por empezar. El primer reto está en frente, saltar una pequeña cascada de más de dos metros de altura, con una caída de agua que simula un tobogán natural. El primero en hacerlo es el guía Martín Rivera.

Las estadounidenses gritan del nerviosismo. Es el turno de Rebecca Herr, quien intenta imitar a Rivera y se lanza en un solo salto. La siguiente, Laura Battistoni, no piensa igual. Se toma su tiempo antes de lanzarse, mira la caída del agua, se agacha y empieza a resbalar despacio.

Ellas visten trajes negros pegados al cuerpo, cascos y zapatos un poco desgastados. Al llegar a la pequeña laguna de la primera cascada, el frío les saca muecas.

Esta ruta la abrieron hace un poco más de un año y medio Montesuma y sus compañeros
amantes del deporte extremo. Él ha hecho de este tipo de actividades su forma de vida.

La primera prueba se superó y todas, a su manera, saltaron y ahora siguen otras seis cascadas, unas más altas, otras no tanto.

Montesuma recuerda que uno de sus amigos, Daniel ‘el bagre’ Carrión, casi muere cuando iniciaron la instalación del equipo para hacer rappel en las cascadas. “Un remolino empezó a jalarle y casi cae a un barranco alto, pudo haber muerto. En esos días recién abríamos la ruta”.

Él sabe que este sendero cada vez se vuelve más atractivo para los turistas. En alrededor de un año la ruta toma fuerza entre los que practican el deporte extremo en Azuay. El vértigo que genera bajar colgado de una cuerda por cascadas de hasta unos siete metros es atractivo.
Esa es la segunda prueba para las estadounidenses. Conversan en inglés y miran una cascada que deberán bajar en rappel. Mientras Montesuma, sentado al filo de la cascada, acomoda las cuerdas, las asegura y les explica cómo deben bajar con cuidado y ‘slowly’ (despacio).

Una mirada abajo, las manos estratégicamente sujetan la cuerda, un empujón y empieza el descenso. Al bajar, la concentración de Herr es importante, su mirada se intercambia entre el final de la cascada y la cuerda que sostiene en sus manos.

Se la ve confiada y cuando llega aún tiembla, no por miedo sino por frío. En el recorrido, el temor puede desaparecer, pero el frío no. Nadie está obligado a hacer todas las actividades, quienes no toleren las bajas temperaturas del agua o no soporten las alturas pueden seguir un sendero que bordea el barranco. Al final del camino se llega al lugar donde quedaron los vehículos.

Para que no olvide

El costo puede variar según el grupo. La agencia Apullacta cobra USD 80 por persona si son dos turistas y si son de tres a cinco el precio baja a 63. La salida es desde el centro de Cuenca.

En el precio se incluye el guía, transporte, alquiler de los equipos como cascos, trajes... Se ofrecen dulces y bebidas aromáticas para el frío.

Hay que llevar ropa extra que quedará en el vehículo para cuando termine el recorrido.