miércoles, 29 de abril de 2009

Pequeños actores de "Slumdog" siguen en la pobreza

La casa de Rubina Ali está inundada con agua de cloaca y a la niña le pican los pies. Bajo las aguas grises ha descubierto un mundo de escorpiones, ratas y criaturas resbaladizas con muchas patas.

Hace dos meses, la pequeña estrella de la exitosa película "Slumdog Millionaire" estaba preocupada de qué se iba a poner para los Oscar. Ahora tiene un problema muy distinto: ¿cómo sacar las aguas fétidas de la pequeña casa de su familia.

Rubina, de 9 años, tomó un balde de plástico el lunes y comenzó a trabajar, pero sin esperanza. "Hay muchas ratas", dijo a la AP con una sacudida, con el agua por encima de los tobillos. "En la noche también".

Ocho premios Oscar y 326 millones de dólares en taquilla han hecho muy poco para mejorar las vidas de los dos empobrecidos niños astros del filme.

Rubina y su compañerito Azharuddin Mohammed Ismail han recibido un aluvión de regalos y han coqueteado con la fama, pero poco ha cambiado su día a día. De algún modo, las cosas incluso han empeorado: el vecindario de Azhar está más poblado y tenso. La casa de Rubina se ha inundado. Y la fama le ha dado a ambos oportunidades y vergüenza.

Si existe un final feliz, Azhar y Rubina aún no lo han encontrado.

Los realizadores de "Slumdog" insisten en que han hecho lo que han podido por ayudar. Crearon el fondo Jai Ho para asegurar que los niños tengan viviendas apropiadas, una buena educación y ahorros para cuando terminen la escuela secundaria. También donaron 747.500 dólares a una organización benéfica para ayudar a los niños pobres de Mumbai.

El productor Christian Colson ha descrito el fondo como sustancial, pero no ha revelado el monto - ni siquiera a los padres - por temor a que los niños sean explotados.

Azhar y Rubina terminaron su primer año en la escuela inglesa en la que los cineastas los inscribieron y planean regresar en junio, cuando se reanudan las clases.

Noshir Dadrawala, un fideicomisario de Jai Ho, dijo que las familias han visto varios apartamentos en Bombay, pero que ninguno les gustó.

"Dijeron que es demasiado lejos de donde viven ahora. Haremos una segunda ronda. Esperamos que les guste lo que les ofrecemos", expresó.

Ha habido otras ofertas, pero ninguna se ha materializado hasta ahora.

Promotores inmobiliarios les prometieron a los niños casas en un nuevo y elegante conjunto anunciado como un santuario ecológico de villas y apartamentos que se construyen en Kerala, en el extremo sur de India. Pero éste queda a casi 1.600 kilómetros (1.000 millas), y ninguna de las familias se quiere ir de Bombay.

El gobierno les ofreció apartamentos más cerca de su hogar, pero aún no los ha entregado. Por ley, los políticos no pueden distribuir tales regalos al acercarse elecciones nacionales, que concluyen el mes próximo.

Las familias dicen que la Escuela Internacional D. Y. Patil, la cual ofrece codiciados y costosos diplomas de bachillerato internacional, también les ofrece becas, aunque los directivos de la escuela rechazaron hacer comentarios al respecto.

Y también están los escándalos.

Pocos días después de que el diario sensacionalista británico News of the World reportó que el padre de Rubina ofreció venderla a uno de sus reporteros que se hacía pasar por un jeque rico, un empresario indio que vive en Qatar ofreció pagar la educación de la niña hasta la universidad, dijo la familia de la pequeña.

"El jeque falso y el jeque verdadero", dijo riendo el padre de Rubina, Rafiq Qureshi.

Qureshi niega todas las acusaciones y no ha sido acusado de ningún delito, pero el incidente abrió viejas heridas familiares.

La madre de Rubina, Khurshida Monish Dewade, reapareció después de siete años, y las imágenes de la mujer y la madrastra Rubina, Munni, tirándose del cabello, fueron transmitidas a todo el mundo.

Rubina trata de pasar por alto el drama. Cuando se le preguntó si quería vivir con su papá, indicó con movimiento de la cabeza que sí y se colocó nuevamente los audífonos para escuchar una de sus canciones favoritas de "Slumdog Millionaire".

Ambos niños se han vuelto expertos en manejar a los montones de periodistas que llegan a sus casas con cada nuevo giro en la telenovela de la vida real de "Slumdog". Y la fama les ha traído pequeñas oportunidades.